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28/8/2010

MAS SOBRE EL CIRCO MUNDIAL EN BILBAO

Recuerdan a los nómadas de las novelas, siempre con la carpa a cuestas. Cargados con sus brillantes y coloridas indumentarias, monociclos, grandes animales, malabares y magos. La caravana del espectáculo que cada año, desde hace ya más de dos décadas, visita el parque de Etxebarria, en Bilbao, provocando sonrisas y dejando boquiabiertos a los espectadores. Es el Gran Circo Mundial, fundado en 1976 por Jose María González, actual gerente de la empresa. Sus primeras actuaciones fueron en plazas de toros y palacios de deportes. Ahora, 35 años después, viaja por los cinco continentes, y ha aterrizado en la villa más txirene para celebrar la Aste Nagusia por todo lo alto.

Son trotamundos recién llegados de la feria de Vitoria y también de Laredo, pueblo este último donde han hecho una breve parada de cuatro días. Son una gran familia, como demuestra el hecho de que fueran necesarios 40 técnicos para construir una ciudad circense sobre las campas del parque. Visto y no visto. El monta y desmonta es su pan de cada día: «suena a bilbainada, pero bastaron doce horas para levantar semejante ingenio», explica Luis Moreno, Relaciones Públicas del circo. Una vez colocada la lona y alzados los mástiles, abría sus puertas al público hace semana y media. Un aforo para 2.200 personas unidas por un sentimiento común: pasárselo bien.

Hay espectáculos para todos los gustos. Hasta 25 números distintos a cargo de un total de 75 artistas venidos de todos los rincones del mundo. Los hay checos, franceses, brasileños, americanos, ingleses, italianos y alemanes.... Una pequeña babel. Trapecistas, malabaristas y acróbatas toman cada tarde la pista junto a exóticos animales como leones y tigres blancos, elefantes y papagayos. Por no hablar de los payasos, un pilar fundamental del espectáculo. Sin embargo, Moreno evita desvelar los contenidos de las actuaciones. «El circo es como un regalo. La ilusión y la emoción están en quitarle la cinta al paquete y ver lo que hay dentro».

Esta vez, la novedad viene de la mano de un artista bilbaíno. Su número de magia consiste en un show de grandes ilusiones. Algo poco corriente, como hacer desaparecer leones y tigres de entre 200 y 250 kilos. Ahí es nada. Enrique Polo es el mago vasco. Y no se anda con gaitas; lleva al extremo su espectáculo. La típica estampa de un artista sacando un conejo de la chistera está superada. Es la quinta generación en su familia que se dedica al mundo del circo. Su padre era trapecista y su madre hacía malabarismos subida a una bicicleta. Ha viajado por todo el mundo y paseado el palmito por los mejores casinos de Australia, Corea, Sudáfrica, Malasia y Filipinas. Hasta en Las Vegas se la ha jugado.

Ahora, 14 años después de su última actuación en Bilbao, está loco de contento por actuar ante 'su' público. «Bilbao es la ciudad más bonita por donde hemos pasado. Además, su público es uno de los mejores de España», comenta, mostrando cierta complicidad. «El vasco es una persona muy noble y de fuerte temperamento que cuando viene al circo lo hace para disfrutar y olvidarse de sus problemas», añade. Preguntarle por sus trucos es una misión condenada al fracaso. «Los trucos son deberes que dejo a los espectadores para que cuando lleguen a casa le den vueltas».

Un payaso que hace llorar

Totti Alexis es compañero de Polo en el equipo circense. Su labor se aparta de la de un payaso al uso, ya que, no sólo busca provocar carcajadas, sino despertar emociones entre el público. Atentos, querido público, porque este 'clown' también hace llorar. «No estamos sólo para que la gente se ría. La risa y el llanto son dos estados de ánimo más asociados de lo que a menudo se piensa», explica. Su primera actuación fue cuando tenía cuatro años, sobre la pista del Circo Nacional de Suiza. Desde entonces hace balance del cuarto de siglo que lleva despertando sonrisas en la gente. «Mi padre nunca me ha obligado a entrar a la pista. Es más, siempre me ha preguntado si quería seguir dedicándome a este mundo o, por el contrario, prefería ser abogado, carnicero o cura», dice. Pero Alexis tiene las ideas claras: «No imagino nada más bonito que dedicar mi vida a hacer reír a la gente».

Sus números cómicos tienen, además, estilo propio. Se inspiran en el humor que destilaban las antiguas películas de los hermanos Marx, Charlot o el Gordo y el Flaco. Pero también en las entradas clásicas de payaso y en los dibujos animados como los 'Looney Tunes' y 'Betty Boop'. En silencio, medita sobre los aspectos de su profesión que tanto le llenan. La conclusión a la que llega rebosa sencillez: «Ver caras alegres en tiempos de crisis es muy importante», asegura.

El Gran Circo Mundial permanecerá en Bilbao hasta el 5 de septiembre, domingo. El suyo es «un viaje a ninguna parte», como dice Moreno. «Te queda la certeza de que vas haciendo feliz a la gente y ese salario afectivo te lo llevas a tu caravana», cuenta. ¿Se puede pedir más?